Doscientos años se han cumplido de la
publicación de una de las novelas góticas más reproducidas durante
el siglo XX. Doscientos años desde que una reunión casual y
amistosa entre Lord Byron y el matrimonio formado por Mary y Percy
Bysshe Shelley trajo al mundo la historia de Frankenstein o el
moderno Prometeo. Tinta, huellas dactilares gastadas y libros sobre
Mary Shelley y su monstruo sin nombre han aparecido en estos dos
siglos, pero ¿quién creó a Mary Shelley? Mary Wollstonecraft.
Su madre y más que digna protagonista de nuestro nuevo capítulo de
La manzana mordida.
La figura de Mary Wollstonecraft
destaca por su sabiduría y tesón. Sus ganas de ser tratada como
igual frente a los hombres en pleno siglo XVIII y su consecución de
la independencia (en todos los aspectos de su vida). Una mujer que no
llegó a los cuarenta años debido a las secuelas del parto en el que
dio a luz a su reconocida hija, Mary Shelley, y que, sin embargo,
aportó su grano de arena en la lucha de las igualdades entre la
mujer y el hombre desde las letras. Filosofía, novelas, ensayos,
cuentos, literatura de viajes e infantil...no hubo género que no se
le escapase a Mary Wollstonecraft.
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| Fuente: Wikipedia. |
Un 27 de abril de 1759 nació en
Spitalfields (Inglaterra) Mary Wollstonecraft bajo la sombra
de su derrochadora figura paterna, motivo que les hizo cambiar de
casa frecuentemente. Una situación que, unida al trato vejatorio que
su madre recibía por parte de su progenitor, marcaría la
personalidad de la escritoria inglesa. Durante su adolescencia dos
fueron las figuras que impactaron positivamente en Wollstonecraft:
Jane Arden y su entorno familiar (repleto de lecturas intelectuales)
y Fanny Blood, amistad desde la que empezó a interesarse por la
lucha femenina (e inspiración de su primera novela, tras su muerte
pospartera). Viajera infatigable, Wollstonecraft siempre tuvo
claro que su independencia económica era lo más importante y tras
varios años de trabajo en Irlanda como institutriz (donde escribiría
su libro infantil Relatos originales de la vida real),
encontraría en Londres su primer destino en el que poder probar las
primeras mieles de la emancipación gracias a su trabajo como
traductora de textos en francés y alemán y articulista literaria en
el diario Analytical Review. Será, precisamente, en la
capital inglesa donde escribirá su obra más importante: Vindicación
de los derechos de la mujer (1792). Aunque la palabra y
sentimiento feminista llegarían un siglo más tarde, Mary
Wollstonecraft defendió una de las ideas fundamentales: la
igualdad entre mujer y hombre.
Enseñadas desde su infancia que la belleza es el cetro de las mujeres, la mente se amolda al cuerpo y, errante en su dorada jaula, solo busca adornar su prisión.
Tras un pequeño gran revuelo con el
artista Fuseli y su mujer (las relaciones abiertas ya estaban
inventadas antes del siglo XXI), Mary Wollstonecraft decide
partir hacia París. El momento adecuado: la Revolución Francesa
está en pleno apogeo. Un clima propicio para poner en práctica sus
ideas junto al círculo de expatriados. Mientras mantuvo un
experimental y candente romance con el norteamericano Gilbert Imlay
(y a su primera hija), recopiló sus impresiones sobre el contexto
francés en su libro Una visión histórica y moral del origen
de la Revolución Francesa. La Revolución traería el Terror
y una situación aún peor: la declaración de guerra de Gran Bretaña
hacia Francia. Ser británica en territorio francés ya no era
exótico. Era una locura. Una locura duplicada tras el abandono de
Imlay, a quien buscaría desesperadamente en Londres en 1795. El
rechazo y el suicidio ensombrecieron la vuelta a su casa, pero la luz
llegaría pese a las tinieblas. Junto con el propio Imlay se
embarcaría en ciertos negocios por la región escandinava, del que
saldrían las Cartas escritas durante una breve estancia en
Suecia, Noruega y Dinamarca en 1796.
| Fuente: Wikipedia |
Tras este pequeño periplo se asentó
en Londres de nuevo, esta vez retomando su vida literaria y la
tranquilidad en su vida. Quizás por la presencia de William Godwin.
Su gran amor con el que vivió en 'El Polígono', o lo que es lo
mismo, dos casas adosadas para que ambos conservaran su
independencia. No, Tim Burton y Helena Bonham-Carter tampoco lo
inventaron. Una relación que fue de menos a más y de la que
nacieron dos hijos, uno de ellos enormemente conocido: Mary Shelley.
Un nacimiento que se complicó y que acabó con la vida de
Wollstonecraft con 38 años el 10 de septiembre de 1797. Tras
su muerte, su desconsolao marido publicó Memorias de la autora
de la Vindicación de los derechos de la mujer, donde la
figura de Mary Wollstonecraft creció hasta nuestros días
como una de las precursoras del movimiento feminista.








